• Apólogo de un país feliz - Tomàs Alcoverro
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    Apólogo de un país feliz

    Una vez había un país en el Oriente, sin gobierno, sin ley y sin ejército, que vivía feliz. El desorden de la economía era tan grande que todos los estudiosos, después de minuciosos trabajos, sólo llegaban a una conclusión: Dejar las cosas tal como estaban. En este país, sin petróleo y sin riquezas naturales —si entre ellas no se contaban la libertad que se explotaba como si fuese un yacimiento de algún mineral precioso, o el paisaje de montañas frescas y costas alegres que daba mucho de sí, tanto en el invierno como en el estío—, nunca se conoció la más pequeña restricción de los artículos de importación, por más…

  • Los palacios expoliados - Tomás Alcoverro
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    Los palacios expoliados

    El yacuzzi de mármol es de dos metros cuadrados en la sala de baños del regio dormitorio. Sólo queda en la lujosa estancia un ancho somier. Hay grandes galerías suntuosas con sus cortinajes arrancados y los cristales rotos de los ventanales. Con mármol blanco y negro de Carrara o de vetas rosas, construyeron las escaleras de los cinco pisos del palacio. Sus pasillos, sus salones inmensos, su comedor con una larga mesa de doble cuerpo de madera noble, de cincuenta metros de largo, con sus altas columnas babilónicas, están vacíos. Por las escalinatas con las barandillas rotas hay hombres que arrastran pesadas consolas, sillones y sofás tapizados cubiertos de purpurina.…

  • En la trompa del elefante - Tomás Alcoverro
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    En la trompa del elefante

    En Jartum, que en árabe quiere decir ‘trompa de elefante’, no se distingue el color de la confluencia del Nilo blanco y del Nilo azul. Los dos ríos tienen un origen, unas historias distintas. El Nilo azul proviene de las montañas volcánicas de Etiopía y es más turbulento que el Nilo blanco.  Jartum fue la avanzadilla hacia desconocidas regiones de África y sirvió de residencia del gobierno militar británico, bazar y mercado de esclavos. En 1885, en el palacio del gobernador británico, el famoso general Gordon moría a manos de los seguidores del Mahdi, guía de los creyentes musulmanes sublevado contra los cristianos occidentales.  Aquella victoria de los fanáticos del…

  • Bagdad, estado de sitio - Tomás Alcoverro
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    Bagdad, estado de sitio

    Es raro ver algún iraquí en los aledaños de Bagdad, englobado en la zona estadounidense de seguridad. Después de sobrevolar los meandros del Tigris, el pequeño F-28 de la compañia aérea real de Jordania –la única que se ha atrevido a mantener una línea regular– aterriza en las vacías y bien cuidadas pistas del aeropuerto mientras un helicóptero estadounidense le da escolta. En la estación terminal limpia, con carteles como el de “Mansur, el mejor hotel de la Mesopotamia”, pulcros funcionarios locales verifican y estampan los pasaportes de los viajeros. Todavía no se necesita visado para cruzar las fronteras de Iraq. Pero, eso sí, los aduaneros iraquíes registran con moderación…

  • La feria de libros viejos de Bagdad - Tomás Alcoverro
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    La feria de libros viejos de Bagdad

    Me quité las gafas porque son de un diseño demasiado occidental y me adentré por el centro de Bagdad. En estos tiempos de asesinatos, de secuestros de extranjeros, hay colegas que se cubren la cabeza con la kufia, tocado masculino árabe tradicional, para no llamar la atención cuando tienen que viajar por estas carreteras dejadas de la mano de Dios, infestadas de salteadores. Quería volver a la feria de libros usados que arman los viernes en la calle Al Mutanabi –el gran poeta clásico–, esquina con la calle Al Rachid. En ninguna otra ciudad de Oriente Medio, ni en Beirut ni en El Cairo, hay una venta callejera semejante de…

  • Baalbek, a la sombra de Jomeini - Tomás Alcoverro
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    Baalbek, a la sombra de Jomeini

    En un automóvil con matrícula diplomática he entrado en Baalbek, ciudad famosa por sus ruinas romanas, por sus ostentosas plantaciones de hachís, y ahora por los milicianos chiitas que la han convertido en símbolo de su revolución islámica, y en la capital de enfebrecidos comandos, dispuestos a inmolarse en atentados suicidas contra los enemigos de Alá y servidores de Occidente. Si en este tiempo el acceso a Baalbek de forasteros y extranjeros —han pasado los días alegres de aquellos festivales de verano cerca de las columnas de Júpiter— no era muy bien visto, ahora no es recomendable. Los milicianos recelan de cualquier persona que entre en la ciudad, sobre todo…

  • Una república con pies de barro - Tomás Alcoverro
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    Una república con pies de barro

    Nunca llegamos a Wasit, ciudad de mezquitas y palacios, abandonada hace tres siglos. Por la mañana habíamos visitado las ruinas asirias del palacio de Tesifón, cerca de Bagdad, con su alta bóveda de ladrillos, y el edificio en forma de “zigurat” en el que se exhibe el “panorama de la Kadisiya”, la famosa batalla entre árabes y persas, y se halla un pequeño museo arqueológico. Aunque está cerrado al público, el director nos hizo franquear las puertas de la sala circular con sus murales ejecutados por pintores coreanos que narran con brío el histórico episodio con los camellos, a cuyas cargas de madera los árabes prendieron fuego para desbaratar las…

  • El bar de los comunistas de Beirut - Tomás Alcoverro
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    El bar de los comunistas de Beirut

    No tiene rótulo. Su puerta está cubierta de ajadas páginas de periódicos y fotografías. En el vecindario no lo ven como un bar, sino como un pub, el pub de Abu Elie, que murió hace unas semanas. En el enorme y desangelado edificio llamado edificio Yacubian, como el título de la famosa novela del escritor egipcio Al Asuani sobre El Cairo, es el bar de los comunistas de Beirut.  Un pequeño local mantiene el espíritu laico y revolucionario de los setenta en Oriente Próximo En sus mal contados treinta y cinco metros cuadrados no hay ni un centímetro que no esté cubierto de fotografías, primordialmente del Che Guevara, de Stalin, Marx, Mandela, Zapata, de líderes o…

  • Elegía del hotel Cedar - Tomás Alcoverro
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    Elegía del hotel Cedar

    Han tapiado la puerta del hotel Cedar, donde fui feliz. La tapiaron un día después de la salida de nuestro grupo de corresponsales «raros e independientes», como nos definió en El País Ángeles Espinosa, que se hospedaba en el Palestine. El dueño, un hombre bien vestido, profesor universiatio, puso rápidamente en práctica la decisión que había tomado en previsión de tiempos turbulentos. El frontero hotel Rimal fue cuidadosamente cerrado a cal y canto cuando fueron evacuados a toda prisa los inspectores de desarme de la ONU. Si no hubiese sido por el ultimátum del Ministerio de Información, que nos «invitó» a dejar el hotel para entrar en el redil de…

  • Nadie quiere Gaza - Tomàs Alcoverro
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    Nadie quiere Gaza

    Viajé por vez primera a Gaza poco después de la guerra de los Seis Días, en 1967, en un convoy militar israelí escribiendo algunos reportajes para La Vanguardia. Dimos una vuelta por la ciudad. Me fijé en un hotel nuevo, el Naser, con grandes banderas blancas en los balcones. Por todas partes veía gente, sentada en los bordillos de las calles, o andando, lentamente, en silencio. En un colegio había imágenes de soldados egipcios que arrojaban a los judíos al mar, imágenes de judíos que asesinaban a niños y mujeres musulmanas, había retratos del rais Naser coronado de laurel que alzaba al cielo el mapa de Palestina…  La guerra de…