• Me resisto a escribir una elegía de Beirut - Tomás Alcoverro
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    Me resisto a escribir una elegía de Beirut

    Era también un mes de agosto –siempre los estíos turbulentos de Oriente Medio– de 1982 cuando escribí en La Vanguardia estas palabras: “Beirut, porque estalla en el cielo como un castillo de fuegos artificiales y queda amarrada firme en la orilla del mar, porque es la frontera entre todos los sentimientos y esto tan superficial que son las ideologías, porque es el infierno, la imaginación, la ternura y la esperanza, Beirut, porque cada día parece morirse irremisiblemente y surge después en otra aurora roja, porque todos la desahucian y nadie la arranca de su corazón, Beirut es mi ciudad”. Beirut es un bello nombre con sus dos eufónicas sílabas –“hay ciudades que…

  • Beirut se pregunta por qué - Tomás Alcoverro
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    Beirut se pregunta por qué

    El puerto guardaba, sin seguridad, 2.750 toneladas de nitrato desde el 2014  Quince años duró la cruel guerra ci­vil de Líbano, una guerra sin prisio­neros, y la destrucción de Líbano se llegó a comparar a la de Berlín. En la apocalíptica explosión del puerto, la zona este de la ciudad, habitada por la población cristiana, ha pade­cido más que en el tiempo de la gue­rra porque fue, sobre todo, la zona musulmana la más castigada enton­ces y donde los enfrentamientos in­testinos de sus heterogéneas milicias provocaron más desolación. Son los barrios cristianos, desde el de la Quarantina pobre hasta el de Achrafie con su población de casas bien construidas habitadas…

  • El día que tembló Beirut - Tomás Alcoverro
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    El día que tembló Beirut

    Dos enormes explosiones destruyen el puerto y sumen la ciudad en el caos. Las primeras hipótesis apuntan a un almacén que contenía nitratos. En esta noche de verano –los ve­ranos son siempre en Oriente Medio tiempo de guerras, de vio­lencias, golpes de Estado y catás­trofes– Beirut vive bajo la dantes­ca explosión que retumbó en to­dos los barrios de esta desahuciada capital que antaño había descrito, una y otra vez, co­mo “la ciudad alegre y confiada del Mediterráneo Oriental”.  La enorme humareda rojiza que se elevó de un descollante de­pósito de color blanco del puerto se extendió sobre algunos de sus barrios mientras los edificios casi se tambaleaban hasta el extremo…

  • Una sirvienta en el altillo - Tomás Alcoverro
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    Una sirvienta en el altillo

    El oscuro ‘tedjite’, donde duermen las empleadas domésticas en Beirut, simboliza su servidumbre A los pocos días de lle­gar a Beirut mi ami­ga Angelines Jun­queras me mostró un pequeño altillo que había encima de su cocina, que en árabe llaman tedjite. Era el lugar destinado para que durmie­se la empleada doméstica. Duran­te estos días he vaciado, no sin pena, mis tres tedjites –uno sobre la cocina, otro sobre el cuarto de baño, el tercero sobre el pasillo– de centenares de diarios, revistas, programas de viajes, guiones de conferencias, textos escritos a mano de mis crónicas, carteles, pasquines políticos, hojas volan­deras de los años de la guerra, en español, árabe, francés,…

  • Amo las islas y los países pequeños - Tomás Alcoverro
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    Amo las islas y los países pequeños

    Amo las islas y los países pequeños. En un viaje de adolescencia prolongado con mis amigos Ramón Comellas y Ramón Montaña desembarqué por primera vez en Chipre y después en El Líbano, dos Estados pequeños del Mediterráneo Oriental. En la isla de Afrodita y en el país de los cedros, se han cebado tragedias que sobrepasan la resistencia de sus pobladores. Nadie les puede achacar su culpabilidad. Se han convertido en “países objeto”, en campos de lucha y de maquinaciones internacionales. Beirut, la capital de El Líbano, era entonces, en 1968, una metrópoli segura y confiada, floreciente y cosmopolita. Sin embargo, en Nicosia, la capital chipriota, que en griego llaman…

  • Historia triste del canario - Tomás Alcoverro
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    Historia triste del canario

    Lo llamé simplemente Canari (canario, en árabe) al comprarlo en el bazar de los pájaros de Bagdad. El canario que había animado mi habitación del hotel junto a los libros y las flores reposaba en su humilde y sucia caja en esa suerte de guantera junto al cambio de marchas del amplio todoterreno que nos conducía a Ammán. Por esa carretera, que durante una década ha sido el cordón umbilical más fuerte de Iraq con el mundo exterior, apenas hay circulación; algún que otro convoy de prensa que va y viene entre las dos capitales árabes, y muy de vez en cuando, una patrulla de vehículos blindados del Ejército estadounidense…

  • Elegía al Ministerio de Información - Tomás Alcoverro
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    Elegía al Ministerio de Información

    Una mujer con la cabeza cubierta por un velo blanco barre la sala vacía. El Ministerio de Información ha sido abandonado. Las diminutas cabinas de las grandes agencias internacionales de prensa, los sobados sofás, el viejo aparato de televisión en el que se podía ver Al Yazira y la CNN, inaccesibles a los iraquíes, el tablón de anuncios con los avisos a los corresponsales extranjeros, con convocatorias de manifestaciones contra la guerra; los despachos destartalados en los que se asignaban guías e intérpretes, se negociaban visitas y sobre todo se suplicaban prolongaciones de visados y se imploraban temporales acreditaciones, han sido abandonados. La sórdida sala de prensa en la planta…

  • Kirkuk, un volcán latente - Tomás alcoverro
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    Kirkuk, un volcán latente

    En el centro de Kirkuk, junto al cauce de un río seco, emerge la colina de la ciudadela devastada. Sus casas, habitadas por kurdos y por turcomanos, fueron destruidas en 1994 por los soldados de Saddam Hussein. Por sus callejuelas de hierbajos y ruinas, sólo quedan en pie una mezquita y una iglesia donde dice la leyenda que reposan los restos del profeta Daniel, no hay alma en pena. La ciudadela, cercada de una verja con puertas cerradas, no ha sido reconstruida. Kirkuk, en cuya periferia se encuentra el primer yacimiento petrolífero explotado en Iraq, es un volcán latente, poblado de kurdos, turcomanos, árabes, asirios y caldeos. “Los kurdos fueron…

  • La piscina del Saint Georges - Tomás Alcoverro
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    La piscina del Saint Georges

    El bello edificio del hotel Saint Georges, de clásico estilo y de agradables proporciones, nunca fue reconstruido después de la guerra. Sólo su piscina, muy cerca de la orilla del mar, fue remozada y ampliada con un restaurante de temporada, convirtiéndose en uno de los lugares más chic de la burguesía local y de los residentes extranjeros, entre altos hoteles y renovados inmuebles. El Saint Georges ha sido uno de los hoteles de Oriente Medio más legendarios, con su propia literatura. Su famosa barra del bar, sus confortables salones, fueron, en la década de los sesenta, escenario por el que deambularon aventureros, espías como Philby, ministros y diplomáticos. En los…

  • Los brigadistas ocupan la embajada de España - Tomás Alcoverro
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    Los brigadistas ocupan la embajada de España

    Mario y sus compañeros brigadistas, con sus verdes camisetas, se encaramaron por la fachada de la embajada española en Bagdad hasta la azotea. Su intención: colgar unas pancartas en contra de la guerra y en apoyo al pueblo iraquí. Habían llamado a la puerta y Abu Nura, el único empleado que se ha quedado al cuidado de la sede diplomática, un iraquí, les abrió creyendo que era un grupo de españoles que venía a buscar máscaras antigás. Dos o tres soldados, con sus alzados gorritos negros, vigilaban impertérritos alrededor de la embajada, una villa blanca rodeada de jardín en un sosegado barrio residencial de la capital. Las alumnas del colegio…