• El éxodo de Arafat - Tomàs Alcoverro
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    El éxodo de Arafat

    He visto por última vez en Beirut su kufia a cuadros blancos y negros, su barba rala que empieza a emblanquecer, sus húmedos ojos tristes. Corriendo al lado de su automóvil por las calles de edificios en ruinas que desembocan en el puerto, el perfil de Arafat entre los guardaespldas, los fida’iyin armados, era como una estampa de la historia. Su automóvil fue acribillado por el arroz que disparaban, conmovidos, algunos espectadores. El cortejo, en el que había gobernantes musulmanes, jeques, embajadores, políticos, atravesó, en medio de las salvas de las salvas de la emocionada despedida de los habitantes de Beirut, los barrios occidentales de la ciudad. Lo vi detenerse…

  • Los fida'iyin de Magduche - Tomàs Alcoverro
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    Los fida’iyin de Magduche

    En árabe la llaman meleli. Es un carro de combate chato con una portezuela trasera que se abate como aquellas lanchas de desembarco norteamericanas, y con el círculo de una aspillera casi encima del asiento del conductor. Por esta especie de trampilla ahora abierta entreveo las copas de algunos árboles, las fachadas altas de casas acribilladas, el perfil entrecortado de la ladera pedregosa de la colina, y después la estatua de la Virgen con una guirnalda de bombillas rotas, que parece inclinarse sobre nuestras cabezas. El blindado ha ganado Magduche sorteando los disparos de un francotirador, por un camino abrupto, casi en vertical. Fida’iyin adolescentes de Ain el Helue se…

  • Impunidad libanesa - Tomás Alcoverro
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    Impunidad libanesa

    Un año después de la doble explosión del puerto de Beirut que provocó la muerte y devastación de los barrios cristianos de Gemayze y Mar Mikael, centros de la creación artística y de la vitalidad nocturna de la ciudad, la investigación emprendida tan laboriosamente no ha dado todavía ningún resultado. Con toda suerte de violaciones en el curso del procedimiento, de suspensiones y escándalos, los libaneses todavía no conocen los nombres de sus responsables. Nadie ha sido acusado de aquella catástrofe que hizo temblar la ciudad y que llegó en plena crisis económica agravada ahora día tras día, hasta el punto que se debate sobre el propio sistema de capitalismo…

  • Mi casa y mi barrio - Tomàs Alcoverro
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    Mi casa y mi barrio

    No sé si ofrecerles mi casa. No es porque me dé vergüenza su vestíbulo salpicado de cáscaras de naranja, con el embaldosado cruzado de chafarrinones, o sus escaleras sucias llenas de papeles grasientos. En medio de la destrucción de esta guerra, de la sórdida pauperización de la ciudad, conservo el piso casi intacto; entre las cosas que me han robado están las obras completas de Marcel Proust, con sus muebles y sus cuadros, con sus cortinas y sus plantas aún vivas en el largo balcón. No van a extrañarse si no hay electricidad ni agua, si no funciona el ascensor. Es una suerte sobrevivir en Beirut, donde la muerte sigue…

  • La decadencia de la ‘francophonie’ - Tomàs Alcoverro
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    La decadencia de la ‘francophonie’

    Soy francófono, de religión proustiana. En mi generación la influencia de la cultura francesa, el gusto por su lengua, su existencialismo, la nouvelle vague del cine, el nouveau roman e incluso el pensamiento de Emmanuel Mounier iluminaron aquella España ensimismada. Hoy la francofonía agoniza. “El francés –me dijo un día un italiano en el aeropuerto de Beirut– ya no es una lengua internacional”. Estas noches de ferragosto –potente palabra italiana para describir el octavo mes del año– he seguido por cadenas regionales de televisión –cuando tenía corriente de los generadores eléctricos que hay que pagar con dólares cantantes y sonantes– los Juegos Olímpicos de la Francofonía que en Kinshasa, capital…

  • Kirenia, con Lawrence Durrel al fondo - Tomàs Alcoverro
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    Kirenia, con Lawrence Durrell al fondo

    Me percato en este viaje, y de qué manera, de cómo ha pasado tanta vida y me cuesta decirlo: he envejecido. Hace tiempo también, un verano de 1966, viajé a Chipre con mis amigos Francesc Artigau y Ramon Comellas en mi desvencijado Dos Caballos, desembarcándolo en grúa en el humilde puertecito de Limasol, procedentes del Pireo. La capital, Nicosia, ya estaba dividida entre los sectores griego y turco. Descendiendo por su calle Ledra, en el recinto amurallado construido por los venecianos, destacaba al fondo la antigua catedral, convertida en mezquita, más allá de la línea verde vigilada por militares de uno y otro lado, y soldados de la ONU. El…

  • Expira el ultimátum - Tomàs Alcoverro
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    Expira el ultimátum

    La tempestad de arena envolvió la ciudad de Bagdad. El viento, entre sus edificios y palmeras, sopló con fuerza, a veces con estruendo. La ciudad, expectante, vive las horas finales del ultimátum norteamericano encerrándose cada vez más sobre sí misma. ¿Cuántos días vivirán enclaustrados sus casi seis millones de habitantes? En las calles casi vacías he visto soldados con cascos apostados en las trincheras de sacos terreros, guardias municipales con fusiles, hombres del partido Baas armados. En los alrededores de la capital se han desplegado carros de combate y en la carretera hacia el sur, hacia Basora, hay trincheras cada cuatrocientos metros. Saddam Hussein se dirige a su pueblo por…

  • Apólogo de un país feliz - Tomàs Alcoverro
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    Apólogo de un país feliz

    Una vez había un país en el Oriente, sin gobierno, sin ley y sin ejército, que vivía feliz. El desorden de la economía era tan grande que todos los estudiosos, después de minuciosos trabajos, sólo llegaban a una conclusión: Dejar las cosas tal como estaban. En este país, sin petróleo y sin riquezas naturales —si entre ellas no se contaban la libertad que se explotaba como si fuese un yacimiento de algún mineral precioso, o el paisaje de montañas frescas y costas alegres que daba mucho de sí, tanto en el invierno como en el estío—, nunca se conoció la más pequeña restricción de los artículos de importación, por más…

  • Los palacios expoliados - Tomás Alcoverro
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    Los palacios expoliados

    El yacuzzi de mármol es de dos metros cuadrados en la sala de baños del regio dormitorio. Sólo queda en la lujosa estancia un ancho somier. Hay grandes galerías suntuosas con sus cortinajes arrancados y los cristales rotos de los ventanales. Con mármol blanco y negro de Carrara o de vetas rosas, construyeron las escaleras de los cinco pisos del palacio. Sus pasillos, sus salones inmensos, su comedor con una larga mesa de doble cuerpo de madera noble, de cincuenta metros de largo, con sus altas columnas babilónicas, están vacíos. Por las escalinatas con las barandillas rotas hay hombres que arrastran pesadas consolas, sillones y sofás tapizados cubiertos de purpurina.…

  • En la trompa del elefante - Tomás Alcoverro
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    En la trompa del elefante

    En Jartum, que en árabe quiere decir ‘trompa de elefante’, no se distingue el color de la confluencia del Nilo blanco y del Nilo azul. Los dos ríos tienen un origen, unas historias distintas. El Nilo azul proviene de las montañas volcánicas de Etiopía y es más turbulento que el Nilo blanco.  Jartum fue la avanzadilla hacia desconocidas regiones de África y sirvió de residencia del gobierno militar británico, bazar y mercado de esclavos. En 1885, en el palacio del gobernador británico, el famoso general Gordon moría a manos de los seguidores del Mahdi, guía de los creyentes musulmanes sublevado contra los cristianos occidentales.  Aquella victoria de los fanáticos del…