Expira el ultimátum - Tomàs Alcoverro
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Expira el ultimátum

La tempestad de arena envolvió la ciudad de Bagdad. El viento, entre sus edificios y palmeras, sopló con fuerza, a veces con estruendo. La ciudad, expectante, vive las horas finales del ultimátum norteamericano encerrándose cada vez más sobre sí misma. ¿Cuántos días vivirán enclaustrados sus casi seis millones de habitantes? En las calles casi vacías he visto soldados con cascos apostados en las trincheras de sacos terreros, guardias municipales con fusiles, hombres del partido Baas armados. En los alrededores de la capital se han desplegado carros de combate y en la carretera hacia el sur, hacia Basora, hay trincheras cada cuatrocientos metros.

Saddam Hussein se dirige a su pueblo por televisión para anunciar “una futura victoria sobre EE.UU.”

La guerra urbana, en esta extensa capital llena de anchas avenidas, con un cerco de hierro según apuntan los rumores de Bagdad, está a la vuelta de la esquina. Mil veces se ha escrito que en las guerras árabe-israelíes el ejército del Estado judío jamás ocuparía una capital enemiga, hasta que entró en Beirut, en el verano de 1982. La toma de Bagdad por las tropas estadounidenses sería la primera conquista de una capital árabe por un ejército desde la época colonial, después de la derrota de los soldados del imperio otomano.

En el Parlamento, varios diputados leyeron, tras iniciar la sesión, poemas a la gloria del rais Sadam Hussein. «Iraq es Sadam y Sadam es Iraq», clamaron en el hemiciclo. Unánimes, con la mano levantada, rechazaron el ultimátum del presidente Bush y aprobaron una declaración que afirma que «la historia recordará cómo el pueblo de Iraq, bajo la dirección de Sadam, va a infligir a los viles una lección ejemplar». «Sadam es nuestra garantía de futuro y la tabla de salvación de los iraquíes», repitieron entusiasmados. Los 250 parlamentarios ofrecieron su vida en defensa de Iraq. 

El presidente de la Asamblea Nacional recalcó que Sadam nunca abandonará la nación. «Está en plena forma y nos conducirá hasta la victoria final», afirmó el presidente de la Asamblea, quien añadió que «la república iraquí no puede acatar el dictado de órdenes, y mucho menos si proceden de la Administración norteamericana». El ministro de Información iraquí, Mohamed Sayed, recalcó: «No hemos trazado nuestro camino cumpliendo las directrices de los gobiernos de Washington, Londres y Tel Aviv», y afirmó que «nunca abandonaremos a Iraq ni a Sadam Hussein». 

Los 250 miembros del Parlamento iraquí ofrecieron su vida en defensa de Iraq

El rais, vistiendo uniforme militar y no sus habituales trajes bien cortados, había aparecido antes en la televisión para prometer la victoria. «Esta batalla será la última de Iraq contra los viles tiranos, y la última batalla que Estados Unidos emprende contra los árabes.» Sadam Hussein, al igual que hizo el martes en su reunión con los jefes militares, se mostró confiado: «Con la ayuda de Alá, nuestro enemigo será derrotado.»

El cierre de colegios y de universidades, en la vigilia de la expiración del ultimátum que exige la salida de Sadam y de sus hijos, ha corroborado la inminente invasión.

No hay nadie en los ministerios, ni en las administraciones públicas, y los últimos ordenadores, muebles y expedientes fueron sacados precipitadamente. Cuando fui al Ministerio de Información para renovar la acreditación de prensa, me dijo un funcionario: «Ya no le hará falta». Los bagdadíes se han encerrado en sus casas sin saber el tiempo que puede durar la batalla por la ciudad: quizá días, quizá semanas. La guerra de 1991 para expulsar al ejército iraquí de Kuwait duró un mes y medio. Hosni Mubarak, presidente egipcio, ha hecho responsable al Gobierno iraquí de esta situación y recordó la ocupación de Kuwait, que «provocó el miedo» de diversos países de Oriente Medio, lo que abrió las puertas a la presencia masiva de las tropas extranjeras. El presidente de Egipto, uno de los más fieles aliados de Estados Unidos en el mundo árabe, repitió su oposición a un posible cambio de régimen por la fuerza en Iraq. 

Desde mi habitación, contemplo un Bagdad que no duerme en esta tensa noche, la más dramática de su turbulenta historia contemporánea.

Artículo publicado en La Vanguardia el 20 de marzo de 2003.