La atracción de La Meca y Ali Bey - Tomàs Alcoverro
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La atracción de La Meca y Ali Bey

He conocido hace poco a un notario humanista y viajero de Tarragona y a un propietario rural aragonés que hicieron el peregrinaje a La Meca y visitaron su santuario de la Kaaba. Un arquitecto valenciano ha abandonado su profesión para volcarse en cuerpo y alma al viaje y ha salido con el mismo propósito de cumplir su anhelado objetivo de llegar hasta La Meca, durante siglos una tentación de los cristianos de Occidente pese a que el venerado santuario fuera difícil de alcanzar. En un reciente encuentro cultural en Altafulla, en El Forn del Senyor, me percaté que esta atracción de cumplir el peregrinaje, aun no siendo musulmán, sigue muy viva pese a las prohibiciones y dificultades impuestas por la monarquía saudí, que ha establecido su autoridad proclamándose guardiana de los dos primeros santos lugares del islam.

Ali Bey –o Domingo Badía–, este catalán extraordinario y excéntrico que fue espía de Godoy durante el reinado de Carlos IV en su misión en Marruecos cuando las potencias europeas aspiraban a dominar el norte de África en su objetivo colonial y que, al perder su apoyo, se puso al servicio de Napoleón, inició un viaje a Oriente que escribió minuciosamente. Desde Arabia, Palestina, Siria y Turquía publicó, primero en francés y más tarde en español. Ali Bey pertenece a estos catalanes dispersos por el mundo, de gran valor creativo y quizá no suficientemente valorados. Badía, que se hacía pasar por ciudadano musulmán de Alepo, consiguió penetrar en el recinto prohibido de la Kaaba. El legendario Lawrence de Arabia nunca pudo conseguirlo. Releyendo a Ali Bey, es sorprendente como se percató de que en Arabia, todavía sometida al imperio otomano, cuyo soberano no era acatado ni se le mencionaba en las plegarias de las mezquitas, ya se imponía la autoridad del sultán Saud, muy influido por la poderosa secta reformista de Abdel Wahab. Contempla la muchedumbre de hombres “desnudos y armados” que acudían atropelladamente al santuario y se precipitaban sobre la Kaaba . “Si los wahabitas no relajan la severidad de sus principios –escribía– casi incompatibles con las costumbres de las naciones que tienen alguna idea de civilización, me parece imposible que puedan propagarse en los países que rodean el desierto”. 

Uno de esos catalanes dispersos por el mundo de gran valor creativo y no del todo valorados

Ali Bey no solo describió la Kaaba, sino que ilustró su viaje con dibujos y croquis muy precisos. Su vocación científica le llevó a anotar las latitudes de los astros. El 23 de enero de 1807 llegó a las primeras casas de La Meca. “Mirad la casa de Dios prohibida, el inmenso patio del templo cubierto de su tela negra rodeada de lámparas”. 

Domingo Badía se había convertido al islam y fue enterrado, según algunas suposiciones, en Damasco, como Ali Bey El Abassi. En mis viajes a la capital de los omeyas nunca pude esclarecer dónde fue sepultado.

Artículo publicado en La Vanguardia el 27 de diciembre de 2022.