Dos lecciones de Zubiri - Tomás Alcoverro
Escritores en la orilla

Dos lecciones de Zubiri

Escribía Jiménez de Parga hace unos días, sobre Zubiri, en “La Vanguardia”. En su artículo se refería a “esa élite madrileña de los años cincuenta que asistía a sus conferencias y que resumía fielmente las múltiples orientaciones y círculos cerrados que entre nosotros hacen difícil la convivencia”.

En estas dos conferencias que ha dictado aquí Zubiri se han reunido los matices, aun los más opuestos, del mundillo intelectual de Barcelona. Zubiri ha hablado del “Problema de Dios en la historia de las religiones”. En la primera lección —las pronunció en los salones de la Cámara de Comercio— hizo dos citas: Santa Teresa y Aristóteles. En la segunda habló también de los teoremas de Poincaré.

Nos recordaba Xavier Zubiri que la filosofía, por su triste condición, no es patética, al empezar la primera lección. “El hombre —decía— vive hacia su ser desde la realidad”. “Las cosas son puntales de la realidad”. “La idea de Dios no surge de un sentimiento, ni de la inteligencia, ni de la voluntad del hombre, sino del hombre entero; no es una tendencia, sino una actitud personal”.

El hombre es una realidad inteligente que se pertenece a sí mismo como realidad. Esto es lo que Zubiri llama “personalidad”. Nos encontramos entre las cosas. Cuando el hombre ejecuta determinados actos va trazando el camino de su vida con las demás cosas y con su propia realidad. De aquí que vivir sea poseerse, que la vida sea el modo como el hombre se posee a sí mismo. Por eso el hombre vive animado de una constante inquietud. Cada uno de sus actos modulan —el filósofo se refirió en otra ocasión, en su segunda disertación, al hablar de la resonancia de la concienca, a una melodía que nos remite a los instrumentos que la producen— el yo. Cada cosa que realiza va configurando su vida. Por eso la vida se presenta como una misión fáctica, y el hombre vive desde la realidad de lo real, realizándose en y por la realidad. La realidad se manifiesta por el poder “que no es una fuerza, sino la condición dominante de la realidad en tanto que realidad”. Y es en este poder de la realidad, es en esta realidad que se impone al hombre cuando surge la deidad, “una figura en forma de poder”.

Zubiri, a veces, al acabar de exponer un razonamiento, se hace tajante: “Sí, eso es evidente. No hay la menor duda”. Otras veces, con su voz quizá algo monótona, íntima, dirá con seguridad, con energía: “Sí y no”.

Zubiri ha hablado del despliegue de la realidad a través del poder consituido por la deidad: “El poder de la deidad es un poder de germinación de la vida, es un poder que lo llena todo —Newton todavía llamaba al espacio “sensorio divino”—, es el poder del futuro, el poder que rige el destino”…

Para Zubiri la deidad está subyacente a la divinidad, está en la misma realidad en tanto que realidad. ¿Qué dijo más el filósofo? Habló del enigma dinámico en que se presentan las cosas. Como el hombre está entre las cosas reales y es, a la vez, una realidad en cuanto tal, la voz de su conciencia brota del propio fundamento de su realidad en tanto que realidad. La voz de la conciencia es la palpitación sonora del fundamento de la deidad. En la voz de la conciencia se encuentran religadas todas las cosas o realidades. Toda la realidad —dirá Xavier Zubiri— queda, pues, aprehendida. La búsqueda de la divinidad vemos ahora que es una actitud personal, porque al estar el fundamento de la deidad en la conciencia del hombre le impulsa a buscarlo. Las tres vías que nos propone Zubiri, las tres vías históricas: inmanencia, dispersión y trascendencia (panteísmo), politeísmo y monoteísmo, que las tres conducen a Dios, representan este tanteo, como decía San Pablo, del hombre en busca de la Divinidad.

Por último, difinió Zubiri la Revelación como “una palpitación de Dios en el espíritu humano”, como “una iluminación”. Hablo de las diferentes etapas del Cristianismo, desde que se encuentra en el mundo griego hasta que choca con la razón científica; y de cómo en realidad, en cierto sentido, todas las religiones son “momentos” o “deformaciones” del Cristianismo, que constituye, en sí, el vector del movimiento ondulatorio de la Historia humana.

Artículo publicado en ABC en noviembre de 1965.